sábado, 31 de diciembre de 2016

Fin de año

Madre mía, se acabó el año. Se me ha pasado volando, demasiado rápido. Lo mejor de este año es que ha sido un año tranquilo, empezó con alguna preocupación pero a partir de febrero no recuerdo ningún mal momento, así que no puedo pedir más. Las vacaciones de verano me dejaron muy buen sabor de boca y con ganas de repetir. Además contribuyeron a que Retoño y yo formasemos un cordón umbilical muy fuerte. Ahora me cuesta más separarme de él. Cada vez me apetece menos dejarlo alguna noche con mis padres y salir de cena. Prefiero despertarme a su lado y comérmelo a besos y ver como me mira.
Y ahora toca pensar en los propósitos de año nuevo. No soy yo mucho de planificar a largo plazo, perp este año me apetece hacer una lista:
- Cuando esté haciendo una cosa, sólo dedicarme a eso en ese momento.
- Visitar un sitio que no conozca.
- Ver al menos una exposición (si es de pintura, mejor).
- Acostarme más temprano.
- Organizarme mejor cada día y así tener más tiempo para jugar con Retoño.
- Ir al menos una vez al teatro.
- Llevar a Retoño al menos una vez al mes a la piscina, que disfruta mucho en el agua.
- Estar menos pendiente del móvil.
- Hacer un diario de fotos de las cosas chulas que hagamos.
- El 1 de octubre me propuse no comprar ninguna prenda de ropa en un año, así que intentaré seguir cumpliéndolo este nuevo año.

Y creo que ya. No me pongo cosas muy complicadas porque si no sé que no las cumplo.
Ojalá el 2017 nos traiga cosas buenas a todos.

domingo, 25 de diciembre de 2016

En Holanda

Como en la metáfora "Viaje a Holanda" o cómo ser madre de un niño con discapacidad, veo a mis amigas ir y venir de Italia mientras yo sigo en Holanda. Tienen niños que van creciendo, cada vez son más independientes y me dan la buena noticia de que van a volver a Italia. Y me alegro un montón. Son libres para volver a decidir ser madres.
Mi útero quiere albergar vida de nuevo, pero no se lo puedo permitir. Cuando les pregunto a los médicos si se puede repetir lo de Retoño no saben dar una respuesta.
Yo no sé si mi hijo va a caminar o a hablar algún día. Y no quiero romperle las alas a otro ángel.
Y en estos momentos de tristeza me enraizo en mi hijo. Me abrazo a él como si fuese una madera en medio de un océano. Lo escucho respirar mientras duerme y yo duermo en su sueño. Aprovecho el aire que exhala para respirar yo. Su calor me alivia y el peso de su cuerpecito me tranquiliza. Y él es ajeno a todo. Es una sonrisa infinita, como su inocencia.
Y entonces me digo que las cosas son así, la vida sólo va en una dirección y no hubiese podido suceder nada de otra forma. Y me conformo.
Aunque a veces no. Quiero ir a Italia. Quiero tanto a Retoño que me gustaría querer así una segunda vez. Pero una vez en la que las cosas fueran distintas. Y fáciles.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Cicatrices invisibles

Grita. Mientras el mundo continua cogiendo velocidad y tu quieres quedarte parada. Cierra los ojos y deja que la lluvia te moje hasta que consiga ahogar tu enfado. Muerdete el puño hasta que quede la marca de tus dientes en tu piel. Sal corriendo, corre sin parar hasta quedarte sin aire.
Has despertado del sueño en el que has pasado tiempo sumergida. Y ya no crees en las normas que giran el mundo. Tus viejas creencias han quedado sepultadas bajo el peso de los desengaños. La vida te ha estafado.
Pero en vez de rendirte le haces un corte de mangas. Le echas la lengua y le dices "que te den".
Y sigues. Con tu nueva versión. Una que te gusta más. Porque descubres que no puedes buscar fuera lo que necesitas. Porque lo que necesitas está dentro de ti. Y con eso pones una media sonrisa, entrecierras los ojos y ves a la gente que continua sumergida en ese sueño infinito, del que quizás tengan la buena o mala suerte de no tener que despertar jamás.
Llevas cicatrices invisibles que sólo tu puedes ver. Pero las acaricias cuando te quedas a solas. Las amas. Puedes contar la historia de cada una de ellas. Puedes escupir encima de lo que te las provocó.
Y sabes que la vida es finita. Que sólo vas a estar aquí un rato. Y que todo lo que te pase es circunstancial. Que nadie puede enjaular tu mente. Ni tu alma. No deseas nada, al mismo tiempo que deseas todo. Más sonido, más color, más besos apurados, más miradas, más risas, más mordiscos. Más tiempo, más aire. Estar en lo alto de un acantilado y que el viento te atraviese. Estar en el fondo del agua hasta que pienses que los oidos te estallan.
Sientes que estas despierta mientras los demás caminan sonámbulos a tu alrededor.
Y te preguntas si existen otros noctámbulos como tu. Que gritan en silencio y a cámara lenta.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Dia contra la violencia de género

Sonríe, que se vea que eres una niña buena.  Si no te portas bien no vas a gustar. ¿Pero por qué vas tan mal arreglada? Si no les gustas algo harás mal.
Se dulce, no levantes la voz. Tu no tienes razón, los demás sí.
Con esa forma de ser no vas a tener amigos.

Lo siento, estaba borracho, yo te quiero. Lo hago por tu bien.
¿Pero a donde vas con esos pantalones cortos? Que gorda te hacen. Que delgada estás, pareces un esqueleto.
Estás sin depilar, que asco me das.
Tienes suerte de que esté contigo, gracias a mi vas a tener una personalidad.
¿Con quien hablabas? ¿Con los idiotas de tus amigos? Que patéticas son tus amigas.
Si quedan contigo es por pena, no porque les caigas bien.
Si tus padres supiesen como eres en realidad no te querrían.
Me debes mucho.
No eres buena profesional. Más te valdría quedarte en casa. No te mereces cobrar lo mismo que yo.
Eres ridícula.
¿Pero qué música escuchas? No sabes de nada. Vaya ignorante.
A ti qué te importa dónde estuve esta noche.
Mi anterior pareja sí que follaba bien. Tú no te mueves.
Que guarra eres, mira como tienes la casa.
Ella sí que es estupenda, no como tu.
Todo lo que me pasa es por tu culpa. Ni siquiera estoy enamorado de ti.
A cuantas cosas renuncio por ti.
Antes de estar a mi lado no eras nada.
No te estaba ridiculizando en la cena, solo bromeaba. Que suspicaz eres. No es para tanto.
Lo fastidias todo.
Si tuviesemos un hijo te querría más.

Y mientras te haces pequeña, pequeñita. Asustada. Acabas creyendo lo que te dice. Sin ver la salida a una vida que no te mereces.

#niunamenos

jueves, 17 de noviembre de 2016

Duna mirando el mar

Me imagino a Duna mirando hacia el mar. Porque el ahi el horizonte es infinito, aunque ella tiene la mirada perdida en un final.
Me la imagino así cuando está triste. Tiene toda la razón para estarlo. Para enfadarse. Todo el derecho para gritar. Para no conformarse.
Porque si pierdes un hijo y toda tu casa queda oliendo a él, ¿cómo vas a estar?
La vida sigue para Duna. Pero a veces se detiene en ese horizonte. Porque seguramente no entiende cómo puede ser que los días sigan existiendo, que todo siga funcionando y que incluso ella siga adelante sin Él. Entonces esos días su mirada se nubla.
Pero no está sin Él. Él siempre está presente. Siempre lo recuerda. Siempre lo querrá.
Duna continúa su vida. Es tan valiente que ha vuelto a pasar por un embarazo, por un parto, por una lactancia. Ha vuelto a dar amor sin esperar nada a cambio. Con el miedo a perderlo todo. Haciendo sitio a su nuevo hijo, en su corazón, al lado del que ya no está en sus brazos.
Ha seguido cuidando de sus hijas mayores, aun en  los momentos de dolor inconsolable. Ha sabido manejar su pena sin contagiarla. Niñas felices que se saben queridas y protegidas. Que ahora tienen un hermano. Pero también se acuerdan de que antes Él también estuvo y lo rememoran de una forma natural.
Duna sale corriendo de casa cada vez que la llaman si hay un animal en peligro. Rescata esas pequeñas vidas que a pocos le importan. Duna es generosa. Porque sigue mostrando preocupación por los que no se pueden defender.
Duna ha tenido que recomponer un puzzle de su ser. De la forma más difícil que me puedo imaginar. Porque perder un hijo no entra en nuestra lógica. No puedo ponerme en su lugar. No siquiera lo quiero imaginar. Sólo pensarlo me asusta. Asi que sólo puedo pensar en miles de piezas esparcidas, perdidas...uniéndolas de nuevo, poco a poco. Que difícil, que agotador.
Duna tiene derecho a llorar, aunque haya alguien que le diga que no, que su momento de tristeza ya tuvo que pasar. Duna puede pararse y mirar el mar con sus ojos nublados para luego seguir uniendo piezas.
Duna juega. Duna llora. Duna grita. Duna ama. Duna es valiente. Duna es una guerrera. Duna vive. Y a veces se para. Para descansar. Para luego continuar.
Duna necesita abrazarse a sí misma. Darse consuelo. Y seguir al ritmo que ella decida.

Duna es mi amiga. Aunque ese no es su nombre. Cuando se siente mal por estar triste yo sólo pienso "que bien lo estás haciendo". Ella no se da cuenta de la cantidad de piezas que ha conseguido unir.
Eres impresionante.

martes, 8 de noviembre de 2016

Carta a Marta

El otro día conocí a Marta. Marta ha sido mamá hace poco y también hace poco ha descubierto que su niño tiene un síndrome que conlleva una discapacidad motora e intelectual. Marta no podía dejar de llorar. La vi llorar durante varias horas seguidas. Estaba acompañada de su familia, pero sé que en ese momento es difícil darse consuelo unos a otros. Me hubiese gustado contarle muchas cosas, pero no era ni el momento ni el lugar. Lo más seguro es que no vuelva a ver a Marta, así que le escribo esta carta, que aunque ella no lea, es para ella y todas las mamás en su situación.

" Ser mamá de un niño con discapacidad no es fácil, en eso tienes razón. Pero tampoco es difícil todo el rato.
Cuando te dan la noticia notas que tu mundo se detiene. Y se rompe. Y piensas que no va a volver a girar. Y te quedas a oscuras. Piensas que la luz no se va a volver a encender. Pero estás equivocada. El día menos pensado un destello te sorprende y vuelves a ver. Todo vuelve a funcionar, eso sí, de otro modo y a otra velocidad.
No entiendes como puede ser que lo que más quieres puede provocarte tantas lágrimas y tanto sufrimiento.
No entiendes por qué esto te está pasando a ti. Te preguntas qué has hecho mal.
Incluso puedes no ser capaz de querer a tu hijo en este momento. No eres mala madre por ello. Todo lo que sientas, aunque sea horrible, es normal.
Tú no tienes la culpa de nada de lo que está sucediendo. Buscar en qué fallaste sólo te causará dolor y no encontrarás la respuesta, porque no existe.
Acuerdate que tu pareja y tu estais en el mismo barco. Hablad mucho. Respetad vuestros silencios. Cada uno tendrá su tiempo de asimilación. Os sentireis alejados, a veces cercanos, a veces solos. Pero pensad que teneis que recorrer el mismo camino. En este momento os necesitais.
Vas a tener que acostumbrarte a tratar con muchos médicos y terapeutas. Irás con el corazón encogido a las consultas. Algunos te tratarán bien pero otros no tanto, a veces no tendrán mucho cuidado con cómo te dicen las cosas. Pero siempre encontrarás a alguno en el que confiarás y sentirás que se preocupa por tu hijo.
Al principio no tendrás ganas de hacer nada pero no podrás quedarte quieta. La situación te va a exigir mucho. Demasiado.
Verás más a los profesionales de Atención Temprana que a tus amigos.
Habrá amigos que se queden en el camino. Influso familia que no sabrá formar parte de vuestra nueva vida. Pero a cambio conocerás gente nueva y se forjarán amistades profundas.
Habrá otras madres como tu, y cuando hables con ellas te darás cuenta de que hablais en el mismo idioma. Y te sentirás relajada.
Al principio llorarás mucho. Mucho. Muchísimo. Es inevitable. Tus padres también lo harán.
Es un duelo. Has perdido el hijo que esperabas y ha llegado otro distinto.
Tu también te convertirás en una persona distinta.
Cuando pase el shock inicial, cuando te vayas adaptando, descubrirás que eres capaz de disfrutar más que antes del día a día y que dejarás de preocuparte por frivolidades. Sólo le darás importancia a lo que realmente es necesario.
Vas a volver a reir y a pasarlo bien.
Te adaptarás a las dificultades de tu hijo, aprenderás a entenderlo y saber lo que necesita. No lo vas a ver diferente.
Lo querrás mucho.
Vas a encontrar la manera de ser feliz. Aunque haya días malos por el medio. Los habrá. Pero pasarán.
Preocupate por ti. Para que tu hijo brille necesitas brillar tu primero.
Nunca te olvides de tu bienestar. El poco tiempo libre que tengas aprovechalo para hacer algo que te guste, cualquier cosa que te haga sentir bien vale.
Cierra los ojos. Respira. Abre los ojos y mira a tu hijo, tu pequeño, tu bebé. Es perfecto. "

Un abrazo muy fuerte para todas las Martas.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Taller "Afrontando la discapacidad"

Hemos ido a un taller de padres cuya tema era el afrontamiento de la discapacidad y de como esta era un viaje inesperado en nuestras vidas.
La terapeuta que dio la charla era genial y encontramos sentido a todo lo que dijo. Además trató temas como son la importancia de la red de apoyo que tengamos alrededor y la comunicación en la pareja, que es imprescindible.
Aparte de por la charla en sí, que fue muy interesante y amena, salí muy contenta por conocer a otros padres y haber podido compartir nuestras experiencias.
Hubo una mamá que contó su caso y que me dejó con una profunda admiración hacia ella: tiene una hija de cuatro años de edad con una dsicapacidad del 90%. No ve, no oye, no habla y no se mueve. Ella dijo que su caso era distinto al nuestro porque ella había escogido esto, ya que su hija era adoptada y sabía lo que había (esto para mi es un acto de valentía y generosidad insuperable). Además de todo esto, ella (la mamá) era ciega. Nos contó que era feliz cada día y que disfrutaba enormemente de su vida. Lo relató con una pasión que cuando acabó todos la aplaudimos. Se merecía ese aplauso, una ola y fuegos artificiales.
Algo en común que tenemos los padres es que pese a las dificultades conseguimos adaptarnos y ser felices. Y que sabemos que hay días malos, pero también sabemos que hay muchos buenos. También estuvimos de acuerdo en que se necesitaba una mayor atención psicológica al comienzo del proceso, ya que los padres somos los gran olvidados, además de más empatía por parte de los profesionales.
Nos comentó la ponente que la felicidad dependía:
- 50% genética
- 10% circunstancias
- 40 % nuestra actitud ante la vida
Esto me dejó impresionada ¡sólo un 10% depende de las circunstancias! Todo depende de nuestra forma de ser de base (la genética) y de como nos enfrentemos a los problemas.
Me parece esta de las mejores proporciones que he conocido nunca.
Intercambié números de telèfono con otros padres y salí enriquecida . La verdad es que fue un taller muy adradable.
We can do it.

sábado, 22 de octubre de 2016

Pequeñas cosas

Lo esencial, lo importante, ¿qué es?
El silencio. La soledad. O estar con la gente que quieres.
La sonrisa de tu hijo. O la de tu padre.
Irse a la mañana y volver a la tarde.
Que alguien te eche de menos.
Que pare de llover en el momento que sales de casa. O que empice a llover cuando vas por la calle sin paraguas porque te encanta mojarte.
Meter la mano en un saco de habas. Enseñarle a tu hijo la sensación que da.
Acariciar a un gato. Dajar que un gato duerma encima tuya. Ver como sueña.
Una película con tu pareja bajo la manta, con palomitas.
Escuchar música que te gusta y que te alegra el día. Cantarla. Gritarla.
La playa en verano. O en invierno. Acariciar la arena con los pies.
Tomar una caña con tu madre. Reirte de cualquier tontería con ella.
No poder dejar de mirarte un tatuaje de lo alucinante que es.
Aprender a que te guste lo que haces.
Ir al campo. Al bosque. A un río. Mirar los árboles, lo diferente que son entre ellos. Su solidez y su sabiduría.
Un café por la mañana. Con un zumo de naranja antes. Y un croissant. Mientras escuchas la radio.
Poder pagar las facturas cada mes.
Tener un hobbie que te encante. Leer, dibujar, bailar. Poder compartirlo con alguien.
Tener conversaciones interesantes.
Sentirte a gusto en casa.
Sentirte a gusto contigo.
Perdonar errores.
Ser fiel a la persona que más importa, uno mismo.
Dormir con la conciencia tranquila.
Vivir el presente.
Tener ilusiones.

viernes, 21 de octubre de 2016

Otra mamá

El otro día estaba en el supermercado haciendo la compra con Retoño cuando una señora de unos sesenta y largos años se acercó y se puso a hablarle a Retoño. Yo le sonreí y me dijo que tenía un hijo muy guapo. Luego añadió si me podía hacer una pregunta. Le contesté que sí:
- ¿El niño tiene algún problema?
- Pues sí.
Y entonces me contó que ella tenía una hija de 35 años y que tenía una paralisis cerebral infantil, y que Retoño le recordó a ella.
Comenzamos a hablar y me contó las dificultades que había tenido hace todos esos años, que ni siquiera existía servicio de Atención Temprana y que había tenido que dar muchos palos de ciego.
Me encantó con el cariño que me hablaba de sus hijos (además de esa hija me contó que tenía un hijo de 38 años) y de todas las cosas que habían hecho juntos y la gran conexión que aun existe entre ellos.
Me gustó mucho conocer a una madre de esa edad y ver lo bien que estaba tanto física como emocionalmente a pesar de las dificultades.
Me habló del gran apoyo que había tenido en su madre, en todo el optimismo que esta le consiguió irradiar.
Estuvimos un buen rato hablando y dijimos que era muy cómodo hablar con otra madre en situación similar, porque sólo entre nosotras lograbamos entender nuestra vida.
La verdad es que volví muy contenta para casa de conocer a alguien así de especial.
Al final me dijo una cosa que siempre la pienso muchas veces "con cariño se logra mucho". Y le di la razón, porque para mi desde que tengo a Retoño la frase "el amor todo lo puede" (que para mi antes era una frase ñoña sin sentido) ahora cobró todo su significado.

La vida es difícil a veces, para unas personas más que para a otras, es como si nos soltasen en una jungla y sólo tuviésemos dos opciones:
- Construirnos una casa en el árbol, con todas las dificultades, pero sabiendo que luego tendremos un refugio en el que estar.
- Quedarnos tirados en el barro, que al principio parece menos esfuerzo pero a la larga va a ser mucho más incómodo.

domingo, 16 de octubre de 2016

Demasiado

Hoy por la tarde sali de paseo con mis padres y Retoño. Luego al llegar a casa vi un video en facebook que me interesabe. Me puse a mirarlo y Lucas comenzó a protestar. Le dije "tienes razón hijo, que estoy con esto y no te hago caso".
Estamos tan rodeados de cosas que desvían nuestra atención y atendemos a tantas cosas a la vez que nos alejamos de lo esencial: nosotros.
Cada vez estamos más metidos en el mundo virtual, redes sociales, wasap... Qué vivimos más en esa realidad virtual que en nuestra original realidad humana.
A veces me siento saturada. Miles de conversaciones en grupos de wasap y de facebook, pero mucho menos contacto real. Yo lo que quiero es hablar con mis amigos tomando un café.
Cuando era pequeña recuerdo que mi abuela conocía a toda la gente del barrio y hablaba con todos ellos. Yo hay gente del mi edificio que no tengo ni idea ni de quienes son. A veces coincido con alguien en el portal y no sé si vive en mi edificio o no. A ver, que sé que ahora es lo normal, pero a mi me sigue pareciendo raro.
Muchas veces le digo a Mihombre que quiero ser amish. Se rie de mi, claro. No es que quiera vivir sin luz, pero lo que sí me gustaría es vivir en comunidad. Entonces me dice "una comuna hippie?" Y yo pienso, pues sí, eso debe ser lo más parecido a lo que quiero.
Me gustaría vivir en una aldea, en una casa de campo, con vecinos que conozca y nos pasemos media tarde hablando, que tengan niños pequeños que puedan jugar juntos en el campo, con perros y gatos, y gallinas ponedoras que anden libres en busca de lombrices. Que sean más importantes los juegos de mesa que una tele, teniendo las cosas necesarias y no un millón de cosas que las miras y piensas ¿"para qué quiero esto"?.
Una vida un tanto distinta, sin tanta prisa, sin tantas metas que alcanzar, sin que haya que esforzarse tanto en las relaciones con los demás...más lenta, que podamos saborear despacio todo.
Por soñar...que no quede.

martes, 11 de octubre de 2016

Micromachismos o lo que sea

Tenía ya ganas de escribir una nueva entrada, pero últimamente el tiempo no es mi aliado. Mihombre ha sufrido (no hay palabra que mejor lo defina) una operación de pierna y me he quedado sola ante el peligro (llamemosle así al desorden que se ha adueñado de mi casa). No paro en todo el día y eso que puedo contar con mis padres para que lleven a Retoño a alguna sesión de fisioterapia (aun así no me llegan las horas del día).
Pero hoy vi una cosa que en un principio es bastante frecuente pero que no me pareció nada bien. Y necesitaba contarla. Iba yo en el coche con Retoño, a hacer compra, pensando en lo que tenía que comprar, cuando un coche que iba delante de mi bajó la velocidad, el hombre sacó la cabeza por la ventanilla y empezó a decirle cosas (piropos, no sé como definir el "guapa te llevo a donde quieras" y cosas similares) a una chica joven que iba paseando a su perro.
Me fije en la chica que sonrió incómoda y bajó la cabeza al mismo tiempo que apuró el paso. El coche llegó a detener su marcha, lo tuve que adelantar y luego bajé yo la velocidad y miré por el retrovisor para ver si el coche volvía a andar. Porque ya había oscurecido y no era un lugar muy transitado.
Esta historia, que puede parecer del todo inocente y que no hay nada más que un hombre intentando ligar, no la veo yo como tal.
Que un desconocido te empiece a decir cosas desde su coche es incómodo. De pronto te sientes asustada. Están metiéndose en tu espacio vital de una forma inadecuada. A las chicas no nos gusta eso. Por lo menos a las que yo conozco.
Los piropos no son malos, pero depende de quien vengan y en que situación. Que te lo grite un desconocido cuando vas paseando tranquilamente por la calle no es lo que esperas.
Y si va en un coche y casi lo detiene se te dispara la alerta.
Que luego dicen que las mujeres somos unas exageradas, que no todos los hombres son violadores. No. Pero siguen sucediendo casos.
Y siguen haciéndonos sentir incómodas con cosas como esta.
Hombres,  no nos griteis desde los coches. Ni desde ningún sitio.  Y los piropos, en las ocasiones adecuadas.
¿Cuantas mujeres siguen apurando el paso cuando van solas por la noche?

lunes, 12 de septiembre de 2016

5 años

Este pasado fin de semana fue nuestro aniversario de boda. Cinco años. Cuantas cosas vividas desde ese día. Cuantos sabores amargos nos han sorprendido. Y también cuantos momentos dulces hemos disfrutado juntos. Lo importante es que hemos sabido continuar de la mano, a pesar de las dificultades, de lo inesperado, de lo que no queríamos vivir... Pero aquí seguimos, felices por tenernos, por habernos encontrado, por habernos entendido a pesar de los desentendidos.
Recuerdo el momento justo que vi por primera vez a Mihombre. Fue en una guardia en un centro de salud. Lo vi de espaldas, sacando su bolsa del coche. No entiendo por qué ese momento quedó grabado en mi cabeza.
Luego estuvimos hablando toda la guardia. Tuvimos pocos pacientes. Nos reímos. A carcajadas. Hablamos de ajedrez. De geriátricos. De coches. De tonterías. Pasó la noche. No nos despedimos. Al día siguiente cada uno se fue a su casa. Pasaron 8 meses hasta que nos volvimos a encontrar.
Cuando le vi le sonreí. Me sonrió. Como si nos conociésemos de toda la vida. Volvimos a hablar, a reirnos. Nos fuimos a una cervecería que se llamaba el Gato Verde. Supe que era él. Sin ninguna duda.
Quedamos en vernos al día siguiente. Ya no dejamos de vernos ningún día. El primer abrazo fue como llegar a casa. Cálido, acogedor. En ningún sitio se estaba mejor.
Al cabo de 10 meses nos fuimos a vivir juntos.
Después de 3 años me dijo que nos íbamos a París. Me pidió que me casase con él bajo la Torre Eiffel, a orillas del Sena. Un año después nos casamos.
Y dos años después me quedé embarazada. Un embarazo nada fácil, con muchos contratiempos que eran señales de lo que después pasaría.
Y el día de nuestro aniversario fuimos tres. Pasamos la mañana entre canciones, burbujas de jabón y recuerdos.
Me sentí feliz. Porque estos últimos tres años no fueron nada fáciles. Porque hubo momentos de distanciamiento, de soledad, de tristeza, de dificultad, de lágrimas. Pero ahora lo que importa es que hemos sabido continuar juntos, nos queremos más que hace cinco años, conocemos más nuestras débilidades y sabemos qué esperar del otro en cada momento. Y sobre todo, que ya no somos dos. Somos tres y nos sentimos orgullosos de ello.

martes, 23 de agosto de 2016

El miedo

A nadie nos gusta experimentar sentimientos de carácter negativo, pero si les das una vuelta de tuerca todos pueden tener una utilidad. Todos excepto uno, el miedo.
El miedo es de las peores sensaciones que puedo experimentar. Tener miedo ante una situación peligrosa puede estar bien porque te lleva a comportar de una forma prudente.
Pero el miedo a algo que no se puede evitar es algo horrible. No sirve de nada. No te ayuda a afrontar la situación. Te paraliza, te conduce a la tristeza y a la duda. Te hace dudar de todo y a tu alrededor es como si los sucesos comenzasen a ocurrir a cámara rápida.
Cuando tengo miedo mi entorno se acelera.
Me siento como una niña pequeña pero sin tener a quien acudir. Nadie espanta a un monstruo cuando eres adulta.
Me entran ganas de llorar, de esconderme, de huir. Pero no existe lugar al que escapar.
Porque el miedo está dentro y te acompaña aunque vayas al fin del mundo.
Pocas herramientas tengo para luchar contra esta emoción. Cuando llega me quedo quieta y espero a que se vaya.
El miedo que tienes cuando eres madre se multiplica por mil. Porque ya no sientes miedo por ti, sientes miedo por tu pequeño. Tienes que tomar decisiones por él queriendo hacer lo mejor para él pero sin saber con certeza qué es lo mejor. Ahí es cuando cunde el pánico.
Nadie te habla de esto antes de ser madre.
De la tristeza he aprendido cosas, he aprendido a escucharla, a respetarla, a tener paciencia con ella. A veces llega y le hablo, le digo "anda, has vuelto. Estás otra vez por aquí. Espero que sea una visita corta". La invito a un café o a un té, nos tomamos algo rico, unas galletas que nos gusten. Me quiero un poco más esos días, me abrazo y voy más lenta.
Pero con el miedo es todo distinto. No lo entiendo. No puedo razonar con él. No me enseña ni me aporta nada.
Odio el miedo. Me quedo quieta y finjo ser valiente.

martes, 16 de agosto de 2016

Vacaciones en la playa

La última quincena de julio Retoño y yo nos fuimos de vacaciones con mis padres a Gandía. Mihombre se quedó en casa porque no le gusta el sol, ni el calor, ni la playa, ni el mar, ni los chiringuitos...ni el verano, vamos. Le gustaría meterse en una cueva a abanicarse hasta que llegase el otoño y el descenso de las temperaturas.
Para que el viaje no se hiciese tan largo (fuimos en coche) nos quedamos en Madrid a hacer noche. Eso de estar en una habitación de hotel con Retoño los dos solos me entusiasmó. Y a él también, estaba super contento. Yo creo que fue el poder estirarse en una cama después de varias horas de coche. Para mi era como el inicio de una aventura porque era nuestro primer viaje juntos.
Nunca había estado en Gandía y me gustó mucho el sitio. Me agradó ver que el acceso a la playa es sencillo en caso de tener que acceder a ella con una silla de ruedas ya que las pasarelas de madera llegan casi hasta la orilla. Además hay una zona en la que personas con movilidad reducida pueden hacer uso de sillas especiales para meterse en el agua (desconozco el nombre técnico de estas, pero seguro que lo tienen). Me hizo sentir tranquila el hecho de que hay lugares que tienen en cuenta que todo el mundo, independientemente de nuestra capacidad para movernos, queremos poder acceder a la playa y darnos un baño si nos apetece. Porque la verdad es que las playas que me quedan cerca de donde vivo no tienen en cuenta esto. Incluso muchas el acceso en caso de usar silla de ruedas es prácticamente imposible.
Además tiene un paseo largo y todo llano. Así que como lugar de vacaciones en caso de querer playa y tener algun tipo de discapacidad motora lo veo muy recomendable.
Fueron unos días geniales, y como suele pasar, se pasaron muy rápido.
Lo que más le gustó a Retoño fue estar en el agua. Le encanta. Es un pececillo.
A mi lo que más me gustó fue estar 15 días sin horarios de terapias, sólo dedicándome a disfrutar del tiempo con Retoño. La verdad es que fue tan intenso que volvimos reenamorados. Ahora me cuesta más separarme de él y él no quiere quedarse solo en ningún momento.
Y esto de notar que mi presencia para él es importante me hace feliz.

domingo, 7 de agosto de 2016

La vida a evitar

Nace. Llora. No te recoge tu madre. Una enfermera te pincha. El primer dolor. Peso, talla. Ya te asignan un número.
El niño no engorda bien, igual tu leche no le llega, dale biberón mujer, que se cría igual y es más cómodo. El biberon le aguanta más y no lo tienes que tener todo el rato enganchado.
No lo cojas tanto en brazos que luego se acostumbra. Déjalo llorar un poco, que es bueno para sus pulmones.
Que pesados son los niños.
Tienes que ir acostumbrándolo a dormir en su habitación. Ni se te ocurra meterlo en cama contigo.
Que tiene miedo a la oscuridad, que quiere agua de noche, eso es que te manipula. Déjalo solo que no pasa nada.
Llévalo a la guardería, que así se espabila. La madre tiene que hacer su vida. Para eso están las guarderías. Bebé fuera de los brazos de su madre. Madre notando el vacío mientras hace lo que corresponde en la sociedad.
Un año. Madruga. Horario de comidas. Que se vaya acostumbrando al de los adultos. Siesta cuando corresponda. Ya se le acostumbrará el cuerpo a estos ritmos.
A los tres años ve al cole. Ya tienes que aprender. Haz amiguitos. Aprende inglés. La mente de los niños es como una esponja, hay que llevarlo a actividades. Que vaya a alemán. Hay que empezar a ser útil.
En primaria saca buenas notas. No seas de los últimos en clase, ten muchos amigos. No seas raro. No destaques ni seas especial. Sé del montón. Aprende lo que te imponen. Aprende a jugar al tenis, al fútbol, ve a kárate y a piscina. No te olvides del inglés. Ahora es importante el chino. ¿Jugar? Espera que miro la agenda.
No me des la lata que vengo cansada del trabajo. Haz los deberes y acuéstate.
Instituto. Aprende lo que te mandan, no tengas inquietudes. Se un cordero. No seas rebelde. Viste a la moda. Se el más guapo de clase. No seas distinto que pueden ir a por ti. ¿Ya sabes lo que quieres ser de mayor? Pues vete pensándolo, porque si ahora no sacas buenas notas no vas a poder estudiar lo que decidas. Tienes que decidir la profesión de tu futuro. Madura. No seas tan soñador, que la vida no es de color rosa.
Universidad. ¿Realmente es esto lo que voy a querer? ¿Como escoges eso que no tiene salida?
Adulto. Ten pareja. Trabaja. Busca un trabajo fijo. Busca una buena posición social. Si hay que dedicar horas para la empresa, hazlo, no vayan a echarte. ¿Pero aun estás solo? Se te va a pasar el arroz si no tienes ahora niños. Vete de vacaciones. Cuanto más lejos mejor, cuélgalo en instagram porque si los demás no lo ven no sirve de nada pagar un viaje. Compra buena ropa. Ten un buen coche. Ten niños porque es lo que toca. No tengas tiempo para ellos porque vives para trabajar. Sácale fotos a cada cosa que comes y cuélgala en facebook. Y mientras sonríe en los selfies. Que vean lo feliz que eres. No tienes ni tiempo para mirar la cara de tu pareja. Casi no sabes ni como es su voz, porque no la escuchas mientras lees las noticias en el móvil. Madruga cada dia. Mira la tele hasta las tantas. Bebe alcohol para anestesiar el cerebro. Corre. Apura. Haz todo con prisa.
Que pesados son los niños. A ver si me jubilo de una vez.
Viejo. No trabajas. Pierdes tu rol. No sabes que hacer con tu tiempo. Tus hijos están muy ocupados trabajando, tus nietos en actividades. Tienes la sensación de que te han engañado con lo que te enseñaron que era la vida. Acabas en un centro geriátrico. Madruga que tienen que hacer la habitación. Come porque es la hora de la comida. Acuestate porque es la hora de dormir.
Te mueres. Se acabó.

sábado, 6 de agosto de 2016

La gente es la pera

Este fin de semana hay una feria medieval en el pueblo de al lado. Entonces por la tarde, después de la siesta y la merienda, Mihombre, Retoño y yo cogimos el coche para acercarnos hasta allí. Cuando hay estas cosas siempre se junta un montón de gente. Pero como yo soy optimista le dije a Mihombre que iba a encontrar sitio para aparcar cerca del evento.
Y así fue. Justo cuando pasábamos por la zona  salía un coche, entonces puse el intermitente y esperé. Como la plaza de aparcamiento era en el lado contrario tuve que esperar a que pasasen varios coches. El señor conductor que estabas tras de mi empezó a pitarme. Por el retrovisor le hice señas de que adelantase (había sitio de sobra) pero no lo hizo. Siguió pitándome.
Y de pronto se bajó del coche y comenzó a aporrearme la ventanilla y a gritarme que moviese el coche de una vez. Me pareció fatal. La única reacción que fui capaz de tener en ese momento fue bajar la ventanilla y gritarle qur tuviese paciencia. Y mientras yo pedía paciencia vino un coche del lado contrario y aparcó en el sitio por el que estaba esperando.
El que me quitó el sitio era otro señor.
Arranqué con un cabreo de mil demonios. Bien lento, eso sí, porque detrás mia estaba el que aporreo mi ventanilla.
Luego logré aparcar. Al cabo de 15 minutos vi al "aporreador" que seguía buscando sitio (me alegré de que siguiese dando vueltas, por supuesto).
Que alguien, que no conozco de nada, se ponga a darme golpes en la ventanilla y gritarme, con un niño atrás, me pareció increíble. Se me disparó la adrenalina que me tuve que controlar mucho para no ponerme a su altura.
Si viese que yo era un hombre grandote, ¿haría lo mismo?
Esto me recordó un poco a Thelma y Louise en la escena del camionero, donde él les dice barbaridades sin ningún miedo a que pueda tener consecuencias por el simple hecho de que son mujeres.
Gente del mundo, no aporreeis ventanillas ni griteis a desconocidos. Es bastante absurdo. Encended un ratito la radio o hablad con el copiloto. O sacaos pelotillas de la nariz, cualquier cosa que no implique violencia verbal sirve.

martes, 2 de agosto de 2016

Divagando

Divagando, divagando....
Creo que no debemos hablar de lo que no sabemos, o que no hemos oido directamente, ya que no conocemos lo que no parte de nuestra experiencia. Cometemos errores sin parar por no decir "no lo sé".
A veces tengo la sensación de representar un papel en la vida asignado (¿llevo un papel asignado y no me sé el guión?)
¿Yo soy yo en todos los momentos del día? ¿O me ajusto a las circunstancias? ¿Es este un método de supervivencia?
Supervivencia en el trabajo, en la pareja (un campito que cultivar y quitar las malas hierbas)...
¿Y cuando se adentra uno en uno mismo?
Tenemos tantas normas y pautas de comportamiento que a veces desconocemos cómo somos, nuestra naturaleza, nuestro yo salvaje. Las situaciones extremas son las que nos dan las pistas.
La vida no tiene sentido pero intentamos atribuirle una lógica a todo.
Por qué no nos limitamos a vivir y disfrutar y no a cuestionar, limitar, encerrar...
Si todo es cuestionable también las respuestas. En verdad no hay preguntas no respuestas.
La vida sólo tiene una dirección y es hacia delante.
Sólo hay que ir. La naturaleza tiene un orden que no está impuesto desde fuera. Lo llevan dentro, los árboles, los animales, las plantas... En cambio nosotros no damos importancia a lo interior, todo se impone desde fuera.
Ni siquiera comemos cuando tenemos hambre, lo hacemos porque inventamos un horario.
Aunque queramos dormir tenemos que levantarnos e ir a trabajar para conseguir dinero y comprar millones de cosas que no necesitamos, ni utilizamos y que a veces no recordamos ni que tenemos. Pero desde fuera han decidido que debemos querer tenerlas. Objetos.
Encerrar.
No nos escuchamos.
Somos actores en una obra de teatro.
Lo único verdadero que podemos tener en la vida es el amor que sentimos.
El amor nos hace sentir que estamos vivos.
Pobre del que le pone riendas a este sentimiento.
Lo más valioso que poseo es el amor que siento, porque me acompaña a todas partes y no necesita ningún bien material para mantenerlo.
Soy feliz amando.

jueves, 14 de julio de 2016

Agresiones sexuales

Que parece que se acaban los San Fermines. Yo eso de correr delante de varios toros pues no lo entiendo mucho, me parece como algo así de hombre de las cavernas, pero vamos,  que es sólo mi opinión, que cada uno hace cosas muy raras en su vida. Mi madre, por ejemplo, corrió delante de un jabalí el otro día. Se lo cruzó en el camino y celebró su propio San Fermín. Es lo que tiene vivir en zona rural.
Pero aun más raro de lo de correr delante del toro es lo de las agresiones sexuales. Eso sí que me deja boquiabierta, sin palabras pero si con muchas palabrotas que decir.
Lo que nos diferencia de los animales es el raciocinio, pues bien, entonces estos seres, ¿que son? ¿En que lugar de la evolución humana quedan? En la in-volución, ¿no?
Yo creo que no agredir sexualmente a nadie es una cosa muy fácil y sencilla.
Hace un tiempo estuve viviendo sola en otra ciudad por motivos de trabajo. Cuando salía a cenar y volvía a casa un poco tarde iba siempre con miedo. Y no era miedo a que me robase, no. Era temor a sufrir una agresión sexual. Mis compañeros chico no experimentaban ese miedo al tener que volver a casa.
Para conocer el origen de mi miedo me tengo que remontar unos años atrás. Un día volviendo de la universidad para casa de mis padres (mis padres viven en zona rural, donde hay pocas casas y mucho campo) me siguió un tipo en un coche. Paró a mi lado, me pidió fuego (le dije que no tenía), seguí caminando, arrancó, pasó por mi lado despacio, aceleró, dio la vuelta con el coche y a mi altura lo frenó y se bajó. Se empezó a acercar a mi sin decir nada. Yo en ese momento ya tuve el miedo suficiente e hice que timbraba en una casa. Se volvió al coche y aceleró a toda velocidad.
Eso unido a la historia de violaciones que se escuchan en informativos hizo que perdiese toda mi seguridad al ir sola de noche por la calle.
Está claro que no todos los hombres son violadores, pero con que sigan existiendo casos para mi es suficiente para sentirme desprotegida.
El otro día hablando de este tema con Mihombre acabé diciéndole que ahora había un acceso muy sencillo al mercado de las peliculas porno. Un chico puede ver una película de este tipo mucho antes de tener una relación sexual. Puede consumir mucho porno antes de una relación real con una chica. Y la realidad no tiene nada que ver. En estas películas muchas veces lo que parece es que se está agrediendo a la mujer, no se la trata bien. Si el visionado de este cine es el aprendizaje de un adolescente, pues el sexo le va a ser una decepción.
No estoy culpando al cine porno de lo anterior, ni mucho menos, solo digo que me parece una forma que casi roza la agresión sexual y puede ser nefasto quedarse con esta idea a determinadas edades.
No sé que lleva a un chico que hasta ese momento llevaba una vida aparentemente normal a cometer un acto que va a dejar a una chica con unas secuelas muy duras.
Un no, es no. Si no te dicen sí, también es no.

miércoles, 13 de julio de 2016

Ser madre o no

Cada cierto tiempo surgen nuevos debates donde la protagonista es la mujer. Últimamente me he fijado en que hay como un "enfrentamiento" (lo pongo entre comillas porque no sé realmente como definirlo) entre mujeres que quieren ser madres y mujeres que deciden no serlo. No sé porque hay necesidad de sacarle punta a todo. Ya que ahora podemos decidir sobre nuestra reproducción, que cada una haga con su útero lo que le salga de los ovarios, ¿no? Porque para mi tan válida es la decisión de ser madre como la de no ser madre, como la de tener un hijo, adoptar tres o tener cinco.
Sea la decidión que sea, que sea tomada de forma consciente y con convencimiento.
Yo soy madre porque es algo que siempre tuve claro, pero reconozco que no es fácil, ni es tan dulce la maternidad como a veces te hacen imaginar.
Tu hijo no te gusta en todo momento, no vives en un continuo idilio de amor. A veces te gustaría llegar a casa, cenar tranquilamente y ver una peli con tu pareja en lugar de llegar a casa, bañar al niño, darle la cena y luego dormirlo.
A veces te despierta tantas veces por la noche que te dan ganas de irte al garaje a dormir al coche.
Pero por otro lado vives cosas que sólo puedes experimentar con un hijo y que realmente son maravillosas.
Tener un hijo es como ir en una montaña rusa.
Pero estas cosas maravillosas las vives si quieres ser madre, porque si uno tiene claro que no lo quiere ser, no va a ver las cosas buenas y puede vivir la maternidad como un trabajo.
Luego está lo del amor a los hijos. Decía Cristina Pedroche hace poco en una entrevista que ella siempre iba a querer más a su marido que a su hijo cuando lo tuviesen. Le llovieron críticas a cascoporro...y también elogios. Yo lo que pensé al respecto es que vaya tontería, para mi lo que siento por mi marido y por mi hijo es como el tocino y la velocidad, que no tienen nada que ver. No sé a quien quiero más de los dos porque lo que siento por uno y por otro no se parecen en nada.
Mi marido es mi compañero, está a mi nivel, hemos pasado por un montón de cosas juntos. Caminamos uno al lado del otro.
Mi hijo es alguien que necesita del cuidado de los dos, necesita protección ya que es indefenso. Mi hijo no camina a mi lado. Mi hijo va en nuestros brazos.
¿Cómo voy a poder comparar estos dos amores tan distintos?

Respeto a las mujeres que viven la maternidad como una de las mejores cosas que han hecho en la vida.
Respeto a las mujeres que no desean ser madres.
Respeto a las mujeres que han querido ser madres pero tampoco lo viven como lo mejor de su existencia.
Respeto a las mujeres que deciden libremente.
Todas habeis tomado la decisión adecuada.

domingo, 10 de julio de 2016

Un mundo feliz

Acabo de leer "Un mundo feliz" de Aldous Huxley. Hacía tiempo que quería leer este libro sobre una distopía y el otro día me pasé por la bliblioteca y lo cogí (hasta que lea todos los libros que tengo esperando en casa me he prometido a mi misma que no compro más, si hay alguno en particular que me apetezca leer lo buscaré en la biblioteca). Es un libro cortito y se lee rápido, sobretodo si te engancha como lo hizo conmigo, que no podía dejar de leerlo.
El libro trata de un mundo futuro donde los seres humanos han dejado de nacer de forma natural, se crean in vitro en un laboratorio y luego son criados y adoctrinados en guarderías hasta que son adultos. De esta forma no existen los padres y las madres.
Las personas se clasifican en distintas clases, de Alfa (que son los más inteligentes y atractivos) a Epsilon (que son los menos inteligentes y desarrollan los trabajos menos cualificados). Luego mientras son niños les adoctrinan para ser felices con lo que son.
Tienen relaciones esporádicas entre ellos, no existe el amor romántico. Se les adoctrina para consumir y preocuparse sólo del ocio. Y desde pequeños se les condiciona para no temer a la muerte. Además como no establecen unas relaciones profundas entre ellos tampoco están tristes por la muerte de nadie. No existen las enfermedades ni la vejez. No tienen grandes pasiones pero tampoco sufrimiento. Y si algún día les preocupa algo toman Soma que es una droga que no tiene efectos secundarios.
Pero hay algunos Alfa que cobran cierta consciencia de su individualidad y con esto ya no son tan felices. Quieren un "algo más".
Esto es el resumen.
Este libro me ha dado mucho que pensar, porque si te diesen a escoger, que escogerías, ¿la felicidad o la libertad de pensamiento? Porque esta pregunta es lo que pretende el libro que te plantees.
Yo creo que tendría clara la respuesta...

miércoles, 6 de julio de 2016

Desde que soy madre

Desde que soy madre mis camisetas huelen a baba al final del día.
A veces salgo a la calle con un vestido bonito y me doy cuenta de que va manchado de leche regurgitada.
Desde que soy madre en mi habitación brillan estrellas cada noche que salen de un proyector. Después de que Retoño se duerma me quedo mirándolas hasta que se apagan.
Mi tele es raro que se encienda.
Hay un montón de libros por toda la casa esperando a que tenga tiempo de leerlos.
Desde que soy madre una de mis gatas me persigue por todos lados para que le preste más atención.
No sé lo que es dormir ocho horas seguidas.
Lo que consideraba prioridad ahora puede esperar. En realidad ahora casi todo puede esperar. El tiempo gira alrededor de Retoño.
Estoy casi siempre cansada. Pero cada día empiezo con ganas de hacer todo otra vez.
Desde que soy madre me siento más segura de mi.
Me importa menos lo que opine la gente.
Que mi casa esté recogida suele ser la excepción a lo habitual.
Desde que soy madre me he vuelto mucho más sensible con los niños.
La vida ha cogido otro ritmo.
Las cosas han cobrado otro significado.
Me he vuelto tranquila de una forma distinta.
Desde que soy madre tengo muchísima más paciencia. Incluso conmigo.
Y desde que soy madre no he vuelto a notar aquella inquietud, un agujero que a veces me invadía y que no entendía.

jueves, 9 de junio de 2016

Mujeres

Últimamente me doy cuenta de que me "enamoro" de mujeres (aunque no en el sentido romántico de la palabra).
Mujeres valientes, luchadoras, que se levantan una y otra vez aunque haya días que lo que más les apetezca sea quedarse en el suelo.
Mujeres que pelean por un sueño, que lo siguen hasta alcanzarlo.
Mujeres que deciden librarse de ataduras, de seguir su camino solas aunque las invada el miedo.
Que hacen de tripas corazón en multitud de veces.
Mujeres con pelos de colores, que han visto su corazón roto y que han conseguido repararlo y hacerlo aun más bello.
Mujeres que han llorado la muerte de sus hijos, y siguen ahí, peleando por seguir adelante y ser felices de nuevo.
Mujeres empoderadas.
Mujeres que hacen tatuajes de cicatrices.
Algunas que lucharon con enfermedades hasta el último día de su vida, y que el recuerdo que dejaron en mi fue el de una sonrisa, y el de saber bromear hasta de la muerte.
Mujeres que están hartas de prejuicios por su talla y que no necesitan decorarse para mostrar al mundo cada día lo bellas que son.
Aquellas que sirven de sostén a sus padres, o a su marido, a sus hijos o a una amiga. Esas mujeres que no nos podemos imaginar la vida sin ellas.
Las que van al trabajo y echan de menos a sus hijos, que vuelven a sus casas y tienen un millón de cosas por hacer, que se acuestan y que se levantan cansadas. Aquellas que deciden quedarse en casa con los hijos, que postponen su trabajo, y que pasan el día haciendo miles de cosas y que también acaban agotadas.
Mujeres que han tenido que renunciar a cosas y no le dan vueltas al pasado.
Mujeres que viven una vida real. Que aceptan sus limitaciones y las de los demás.
Que quieren ser felices y nada más. Que no se hacen daño unas a otras. Que te tienden la mano.
A todas vosotras, os amo.

lunes, 6 de junio de 2016

Me sigue sorprendiendo ser madre

Estoy en cama con Retoño. Mi intención era dormirlo, pero no tiene ni pizca de sueño. Seguramente tenga yo más que él. Mientras yo lo miro asombrada él mira asombrado una bombilla. Le balbucea a la bombilla. Y si deja de mirarla es para morder la sábana.
Yo mientras tanto, en mi asombro, pienso "madre mía, como me ha cambiado la vida", antes, que quitando las horas de trabajo, tenía todo el tiempo del mundo para mi.
Hay cosas de ser madre que nadie te cuenta, lees revistas y libros e idealizas el momento. Antes de tener hijos eres la madre más guay y con más paciencia del planeta. Piensas que en el momento en que nace os mirareis a los ojos y que caereis rendidos de amor.
La realidad es que lo tienes en brazos y sí, te mueres de amor. Y también te mueres de miedo. Llegas a casa con él y tu mayor preocupación es mantenerlo con vida. Piensas que se te va a morir de hambre o que se va a tapar con la sábana y se va a ahogar.
Si lleva varias horas dormido y no despierta para comer, te preocupas.
Si lleva muchas horas despierto y no se duerme, te preocupas.
Si hace mucha caca o no hace, te preocupas. Si cambia de color o textura, no paras de mirar pañales.
La primera noche en casa enciendes la luz miles de veces para comprobar si respira.
Tienes miedo de que se te caiga de una altura, o de los brazos.
Si no coge peso, te preocupas.
Te preguntas si la placenta no tendría un código encriptado que tenías que haber resuelto tras el nacimiento y que serían las instrucciones de cómo funciona un bebé.
Y esto piensas que sólo son los primeros meses. Que va, luego vienen nuevas cosas que te preocupan. Y si el niño tiene una alteración en el desarrollo como nuestro caso, esto es ya una verbena de preocupación.
Pero ahora lo miro, asombrada, y pienso "pues sólo se me cayó una vez de la cama", "he conseguido que coma todos los días"
Anda, pues que bien lo hago. Hemos sobrevivido todos durante dos años.


martes, 31 de mayo de 2016

Estoy en facebook

El otro día me puse a "fozar" en internet y sin saber muy bien como fui capaz de hacer una página de mamacorrecaminos en facebook. Así, tal cual, Mamacorrecaminos es una página de facebook.
Soy capaz de ser un poco más activa porque siempre es más sencillo, rápido  y dinámico comentar en una red social.
Y dicho esto, también deciros que me encantará ver gente por mi página y compartir mis inquietudes y todo lo que se me pasa por la cabeza.

jueves, 26 de mayo de 2016

Antes

Encontré una cinta de los Dire Straits, la puse en el cassette del coche y de pronto recordé de donde la había sacado. Me la había regalado él. Él es ahora sólo un Fantasma. Puse los Dire Straits y los acordes me llevaron a un pasado que sólo sé que existió porque su recuerdo persiste en mi memoria, pero es un recuerdo irreal, como él sólo es un fantasma a veces dudo que existiese.
Es un trozo de mi vida que ocurrió antes de llegar al Gato Verde y conocer a Mihombre.

Eran días llenos de Dire Straits, Génesis, Janis Joplin, Frank Zappa y Pink Floyd. Días de muchas lágrimas, de cigarrillos apurados, de demasiado alcohol en tu cuerpo, de ausencias durante horas...
De un corazón que rompías cada día y que intentabas, sin éxito, recomponer cada noche.
De proyectos de un fututo que no existía. De dormir en un colchón en el suelo. De jugar a los naipes tardes enteras.
Días de paseos bajo el sol, buscando una sombra. De mirar las cigüeñas en sus nidos.
Vestidos con camisas de cuadros, pantalones vaqueros y botas de montaña.
De buscar un rio sin agua. De llegar al último refugio. De odiar la piscina en verano. Correr al mar cuando lo buscábamos.
Días en los que te echaba de menos y al rato de más. La equivocación de buscar ser feliz a tu lado.
De buscarte en las calles bajo la lluvia. Empapándome por fuera para confundir las lágrimas con la lluvia que caía. Para no notar el frío que me trasmitías.
De cartas intentando explicar lo inexplicable. De culpas.  De bombones llenos de licor.
Días en los que nos quedábamos sin cenar. En los que yo rompía fotos. Ni una foto tuya me queda. Pero recuerdo tu cara porque a veces apareces en mis sueños. Y en esos sueños te recuerdo que ya no estás, que estás muerto, y te pido que te vayas. Que no vuelvas. Que aquellos días se acabaron.
Que ya no soy aquella niña de 20 años a la que le prometiste una vida libre, llena de aventuras y cosas nuevas. Porque mentiste. Me metiste en una jaula.
Me alejaste de la gente que de verdad me quería, me convenciste de que sin ti yo no tenía ningún valor, que no era nada, que era absurda. Y me lo creí. Todo. Incluso cuando decías que me querías.
Hasta que llegó aquel día en que me dijiste que el objetivo de tu vida era acabar conmigo. Esa fue tu única verdad. Y tuve más miedo del que podía imaginar. Tuve tanto miedo que supe que tenía que escapar.
Horas largas en un autobús. Llorando toda la desesperación. Regresando a un lugar. Intentando volver a ocupar un sitio que me perteneciese. Reencontrarme. Días difíciles. Con el estómago en un puño. Días de amenazas y de miedo.
Llamadas y mensajes a todas horas. Oir el teléfono y comenzar a temblar.

Y un día él se convirtió en un Fantasma. Me enteré porque me avisaron.
Silencio.
El miedo aun regresa por las noches. En sueños aun lo veo.

sábado, 14 de mayo de 2016

Buscando un regalo con mi madre

Agotada. Ahora mismo estoy agotada. Por ir a comprar un regalo a un recién nacido. Yo ya dudaba si intentábamos comprar un regalo o estábamos buscando el arca perdida.
Hoy fui a trabajar por la tarde y como a las 18:30 salía quedé con mi madre que quería ir a comparle un regalo a una compañera que acaba de tener una niña. Hasta aquí el plan parecía guay. Me imaginaba comprando el regalo y luego aprovechar para tomar algo juntas.
Salí del trabajo, pasé por casa a recoger a Retoño y luego fui a recoger a Mamamía. Nos fuimos al centro comercial. Como llueve y es sábado había mogollón de gente. Encontar una plaza para aparcar fue un milagro.
Centro comercial a tope de gente y ruido. Vamos a la tienda de ropa de niños y después de enseñarle a Mamamia un montón de ropa que me parecía bonita no se decidió a comprar nada por dudas con la talla.
Nos vamos a otro centro comercial especializado en puericultura. Después de estar allí dando vueltas hasta tener sensación de tiovivo se decide a cogerle una toalla (que siempre es útil) y un juguete. Cuando ya por fin vislumbraba la libertad veo a lo lejos a Mamamia hablando con una chica. Como soy miope me tuve que acercar más... ¿Quien era? La susodicha del regalo. Yo escondiendo la caja debajo del carrito de Retoño.
Como la chica siguió dando vueltas por allí buscando pijamas para su recién nacida (se ve que previsora no es) mi madre dijo que ya no podíamos ir a la caja ya que íbamos a coincidir. Así que seguimos por allí también dando vueltas. Al mismo tiempo Retoño se iba cabreando del cansancio que llevaba. Se ve que el chiquillo tiene un reloj interno y sabía que era la hora de ponerle el pijama, no de estar en aquel sitio con luces de neón que casi necesitábamos gafas de sol.
Cuando por fin nos pudimos marchar (mi ilusión de ir a tomar algo se fue al garete dado la hora que era) Retoño ya estaba llorando y sin acomodar de ninguna manera. Fuimos para el coche y mientras yo colocaba unas cosas dentro la puerta se vino encima de mi cara y me dio en toda la mandíbula. Ahora me duele el oido y parte de la mandíbula al masticar.
Mi madre que no sabe poner a Retoño sujeto en la silla de coche. Yo con poca paciencia ya.
Pero ya estoy en casa. Y Retoño cenó sin rechistar. Y Mamamia compró el regalo.

jueves, 5 de mayo de 2016

Melancolía

Tengo un montón de cosas que contar y al final me pongo a escribir un día en que no estoy en mi mejor momento. De esos días que vuelves al fango y notas tristeza en el centro del pecho.
La causa es nuevos especialistas, más revisiones, más pruebas... Más agotamiento, más nervios y más miedo.
Hoy por la tarde fui a mi clase de dibujo (voy  2 horas a la semana) sin ningunas ganas, pero obligándome a ir porque quedarme en casa no iba a ser mejor. El profe nos puso de música de fondo la banda sonora de la película de Amelie, que me encanta pero al mismo tiempo me parece melancólica. La verdad es que me pareció la música idónea para mi estado de ánimo.
Dentro de un rato me tengo que ir a trabajar en turno de noche. No tengo ningunas ganas. Me gustaría poder quedarme en casa y cuidarme yo, que hoy no me encuentro bien para cuidar de otros.
La verdad es que me gustaría ser un caracol y guardarme en mi concha.

domingo, 3 de abril de 2016

Criar hijos

Ultimamente (bueno, desde que soy madre) he escuchado hablar sobre tipos de crianza o cómo criar a los hijos. Se habla de crianza con apego, crianza respetuosa... (Desde mi desconocimiento teórico no entiendo cómo se puede criar a un niño sin apego cuando quieres a ese niño. Me parece que ser madre conlleva apego). Luego hay gente que dice que a los niños se les está prestando demasiada atención y que creamos tiranos dependientes y sobreprotegidos (con esto no estoy de acuerdo).
Cuando estaba embarazada leía entusiasmada libros de Carlos González. Algunas cosas de las que decía me parecía que caían de cajón. Ahora también creo que da una visión muy edulcorada de la maternidad. Luego nació Retoño y nada se parecía a lo que leí en aquellos libros y me frustré y me cabreé y llegué a la conclusión de que Carlos González no era madre.
Luego está Stivill que dice que dejes llorar al niño. Pobre hijos de Stivill.
El otro día en el trabajo comentabamos una compañera (que tiene un niño de 18 meses) y yo el tema de cogerse excedencias para estar con el niño cuando es pequeño. Otra compañera se metió en la conversación y dijo que eso era una tonteria, que ella había contratado una chica para cuidar de sus hijos y así pudo trabajar. Que una mujer no debía dejar el trabajo en ningún momento para dedicarse a los hijos.
En los tiempos de mi abuela tengo claro que no existían libros de cómo criar a los hijos. Y casi mejor. Porque entre tantos modelos que parece que te dicen lo que está bien, lo que está mal y lo que está regular es para volverse tarumba. No somos madres de libro. Tampoco hay hijos de libro.
Creo que cada una hacemos lo mejor que podemos y sabemos pensando en el bienestar del niño.
Está claro que todas queremos a nuestros hijos y cada una busca la mejor manera de cuidarlo. Yo lo que hago es intentar adaptarme a lo que Retoño necesita y respetar sus horarios.
Lo que no me gusta es que parece que cada vez todas estamos más divididas y si alguien se posiciona de alguna forma es como si invalidase las demás.
Creo que los manuales del cuidado de hijos debían ser como el manual de la tele, está ahí, pero no lo lees y acabas sabiendo igual como funciona la tele.
A las mujeres nos siguen diciendo qué hacer. Pues no.

jueves, 17 de marzo de 2016

Mi coche

Hoy fui al taller a por mi coche que lo había dejado el día anterior a hacer una reparación porque no había pasado la ITV.
Cuando el mecánico me explicó lo que le habían hecho me dijo "salió bueno este coche" . Sentí un estúpido orgullo, como si el coche tuviera alma. Le dije "y tan bueno, estoy muy contenta con él",
Es el coche más cómodo de conducir del mundo. Me siento al volante y es como ponerme un guante. Llevamos juntos ya 11 años. Estuvo en Valladolid cuando me fui allí a trabajar e hizo la mudanza conmigo. Lleno hasta los topes volvió a Galicia. También ha viajado a Oviedo y a Madrid.
Es un Ibiza del 97. Tres puertas. De color verde botella. Un color que ya no le ponen a ningún coche.
Lo compró mi abuelo. Fue su primer coche nuevo. Hasta ese momento siempre tuvo coches de segunda mano. Le hizo mucha ilusión tener un coche nuevo.
Le colocó un ambientador pino y llenó los espacios de los cassettes de cintas de rancheras. También le puso varios santos protectores camuflados.
El coche casi no hizo kilómetros porque mi abuela desarrolló una fobia a ir en coche y mi abuelo una fobia a escuchar los gritos de "frena" "despacioooo!!!". Así que cuando cumplí 21 años y empecé a trabajar comencé a usar el coche de mi abuelo.
Después de años de uso por mi parte y seguir llamándolo el "coche del abuelo" cuando cumplí 30 años mi abuelo decidió que lo ponía a mi nombre. Así el Ibiza pasó a ser mi coche.
Las cintas de rancheras y los santos camuflados siguen en el mismo sitio. El ambientador pino, no, por supuesto.
Es mi bien más preciado. Y muy preciado, no por su valor económico como por su valor sentimental.
Encontré una silla de bebé que se adaptase al espacio de atrás (no fue nada fácil al ser tres puertas y que cuando fabricaron ese coche parece que quisieron ahorrar con la tela de los cinturones traseros) y así puedo llevar a Lucas en mi coche. Ponemos música y vamos a dónde queremos.
Me encanta mi coche, en él pienso cosas filosoficamente y de vez en cuando fumo un pitillo. Luego abro mucho las ventanillas y miento sobre el olor a tabaco.
Y ya ha pasado la ITV hasta el año que viene!!!

viernes, 11 de marzo de 2016

Momentos que valen un tesoro

Hoy hizo sol así que aprovechamos para salir a dar un paseo e ir al parque. La verdad es que últimamente entre el frío que hace y lo que llueve vamos de casa a las terapias y vuelta a casa, como mucho vamos al supermercado a hacer la compra. Así que como a la tarde todos teníamos día libre, salimos a caminar.
Paramos en un parque que tenía un solo columpio para bebés y que estaba ocupado por una niña de unos 5 años a la que su abuela no dejaba de empujar (sí, podía usar cualquier otro columpio, pero se ve que ese le tenía màs gracia). Así que como yo quería que Retoño se balancease, que le gusta un montón, lo senté en mi regazo mientras usaba yo un columpio.
La cosa es que le encantó, y ese es el tesoro del día, su cara sonriente mientras se le cerraban los ojos de lo que le gustaba el balanceo.
Casi no me acuerdo de lo que hicimos el resto del día, porque a mi los días se me pasan volando, pero esa cara se me va a quedar como una gota de rocío que queda prendida en una hoja durante la noche.
Que ternura desprende Retoño.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Anecdotario de tonterías (III)

- ¿Y piensas tener otro hijo?
- De momento no
- Es que no debes tenerlo, estarías hipotecando su vida para cuidar de su hermano. Nunca podría ser feliz

sábado, 20 de febrero de 2016

Abortos involuntarios

En las noticias locales sale estos días que el hospital del área al que pertenezco y al del área contigua realizan un protocolo de aborto poco adecuado. Hay varias denuncias y el otro día hubo una manifestación. Salió en prensa la declaración de una chica que había perdido el bebé en la semana 16 de embarazo y como había sido la inducción del parto. Una experiencia muy desagradable. Me puso tanto los pelos de punta que llamé a una compañera de profesión que trabajó en la unidad de ginecología y le pregunté que si lo que contaban era cierto. No sólo me lo confirmó si no que me contó como se llevaba a cabo todo. Al día siguiente le pregunté a una compañera que perdió a su bebé en la semana 12 y me contó lo mismo. Ahora os voy a contar que pasá si pierdes a tu bebé (es una pérdida de un bebé deseado, en ningún momento hablo de aborto voluntario que ahí desconozco cómo es el tema):
Si de pronto notas que algo va mal o en una revisión detectan que no hay latido fetal te lo comunican, estando tu sola, porque si vas al ecografo de ginecología de urgencias no dejan pasar a tu acompañante (eso lo sé yo por propia experincia). Te dicen que van a provocar la expulsión del feto y el médico comienza a arreglar papeles para tu ingreso.
Te ingresan en una habitación del servicio de gine (o en el servicio que tengan libre), habitación que suele ser compartida. Allí te llega la enfermera que te va a dar la medicación que va a provocar la dilatación. La medicación puede ser por vía oral o por vía vaginal. Si es por vía vaginal los óvulos te los colocas tú. Te dan una cuña y te dicen que cuando expulses algo que avises. No te explican nada más.
La mujer empezará con dolores físicos (a veces ni dan analgesia) a los que hay que unir los emocionales. Cuando nota que va a expulsar algo se mete en el baño, por aquello de la intimidad, porque hay otra persona ingresada en la habitación. Va a ver lo que expulsa en la cuña. Una visión desagradable. Te imaginas allí a tu hijo que no ha llegado a crecer lo suficiente para vivir. Llamas a la enfermera que viene con un depresor a remover allí a ver si encuentra el feto para meterlo en un bote y enviarlo a anatomía patológica. Todo delante de tus narices.
Si la expulsión termina te dan el alta. Ya te gestionarás tu en casa el dolor y el trauma.
Sí es cierto que en ningún momento la integridad física de la mujer está en peligro. Pero no sólo somos un cuerpo. Y la maternidad en todo su momento, incluso en la pérdida, hay que cuidarla.
La segunda parte es cuando es un feto que muere intraútero pero por las semanas de gestación hubiese sido viable (vamos, un embarazo ya avanzado). Ingresan a la madre en partos y según criterio médico se le practica una cesárea o un parto vaginal. Todo muy medicalizado, como si te fuesen a extraer un tumor. Si tu explicitamente no pides el cuerpo de tu bebé se lo van a llevar al depósito y va a ser tratado como si fuese un resto de placenta (o una vesícula). No recibes apoyo psicológico, como mucho te dan un trankimazin y si estas muy mal te dan un volante a psiquiatría.
No entiendo que te manden a psiquiatría porque no tienes una enfermedad mental. Lo que te pasa es que acabas de perder a tu hijo y el proceso debían humanizarlo para así introducirte y facilitarte en el proceso de duelo.
Hay bibliografía sobre duelo perinatal donde recomiendan para facilitar el proceso realizar la despedida del bebé, ponerle un nombre, verlo si lo deseas, estar a solas unos momentos con tu pareja, tener al bebé en brazos (esto me refiero a gestaciones avanzadas) y darle un entierro o lo que consideres oportuno.
A veces me pregunto, ¿pero realmente somos tan poco humanos? ¿Nos interesa tan poco el dolor ajeno?
Yo no salgo de mi shock.

domingo, 31 de enero de 2016

Finde en Asturias

Pasamos este fin de semana en Asturias, en una casa de turismo rural en medio de la montaña que me encanta (es la segunda vez que vamos). La última vez que habíamos ido (hace justamente un año) nevaba. Pero en esta ocasión ni rastro de copos. Una pena, porque yo iba con la ilusión de volver a ver nieve.
Nos encanta ese sitio. La habitación que cogimos esta vez tenía una chimenea de leña y una terracita con vistas espectaculares. Además te llevan la cena a la habitación, que tiene DVD, y que nosotros aprovechamos para hacer algo que ya nunca podemos hacer en casa: ver una peli mientras cenamos.
Eso de no tener que hacer nada está muy bien. Yo lo disfruto al máximo.
Cuando dejamos la habitación nos acercamos hasta Oviedo. Hacía muy buen día, con sol y calor, así que disfruté mucho del paseo por el casco antiguo.
Luego a la vuelta para casa paramos en Mondoñedo y visitamos su catedral.
Ha sido un fin de semana tranquilo y agradable, así que el objetivo de la escapada de una noche se cumplió.
Sobre las siete de la tarde ya estábamos en casa de mis padres recogiendo a Retoño. Esto de echarse un poco de menos mutuamente está bien, parece que recarga uno pilas y vuelve a la rutina con más ganas.
Y ya en casa nos esperaban nuestras dos gatas, una con ganas de mimos y otra con ganas de comida.

lunes, 25 de enero de 2016

Madre al borde de un ataque de nervios

Eso soy yo, porque Retoño se le ha dado por albergar en su cuerpecillo a un virus, de la familia de la gripe, que yo me lo imagino feo, peludo y de color malva, poniendo cara de malo mientras ataca a las pobres defensas indefensas de mi pequeño koala. Koala, sí, porque en eso se ha convertido mi Retoño, en un animalillo pequeño que quiere estar continuamente en un bolsillo, como buen marsupial, y no separarse ni un momento de su padre o madre. Si lo dejas por unos instantes fuera del regazo se pone a llorar.
Y llevamos asi 5 días, con lo que estoy al borde del colapso. Ahora no tiene fiebre pero tiene una tos que no sé si tengo un bebé o un fumador de 68 años con Epoc. Así que por la tarde, ante sus lloros de inapetencia por la merienda, la palidez que le entró y sus toses decidí llevarlo a urgencias. En el camino de ida no tosió ni lloró, así que aborté la misión y me lo llevé al área comercial, donde estuvo sin toses, lloros ni ná que me preocupase como buena madre histérica.
Pero al volver a casa el bienestar se acabó y la tos y el malestar volvió. Mañana lo llevo a su pediatra.
Otra cosa que me trae loca son unos movimientos de ojos que hace, que mira como hacia un lado con los dos ojos a la vez, una cosa que me da mucho repelús, que hasta en video lo grabé y se lo llevé a la pediatra, que me dijo que por la duración y que el niño seguía haciendo lo que estaba haciendo en ese momento, pues que no le parecía nada, pero que entendía mi preocupación. Vale, que sigo a vueltas con el tema vigilando movimientos oculares. Hoy hasta me eché a llorar del miedo y preocupación.
Y así, al borde de la locura, que le dije a Mihombre que me había olvidado una cosa en el coche y en verdad bajé a la calle a fumar un cigarro, que soy una fumadora tan ocasional que ni mi marido se ha enterado aun.
El miedo y la preocupación son las peores cosas del mundo. ¡Iros, dejadme en paz!

lunes, 4 de enero de 2016

Compras de Reyes

Todos los años por estas fechas me digo lo mismo "no vuelvo a dejar las compras de Reyes para el último momento", pero siempre lo vuelvo a hacer y este año no iba a ser distinto.
El regalo de mis padres es muy fácil, desde que un año les regalé un jamón y se pusieron muy contentos y yo me harté a comer de él, ya lo convertí en tradición. Mucha emoción ya no tiene el regalo, pero útil y rico es. Este año además les compré una manta suave para el sofá. La elegí pensando en mis siestas con Retoño cuando me quedo a comer en casa de mis padres.
Lo difícil son los regalos de la familia política. Mihombre tiene un hermano, una hermana y un sobrino y una sobrina hijos de la hermana.
Al niño le compramos un videojuego que es lo que nos dijo la madre que quería. He perdido la cuenta de las consolas que tiene, no entiendo porque un niño de ocho años necesita tanta maquinita. Pero el videojuego es fácil de encontrar, así que no me paro a darle a los sesos en buscar algo divertido/educativo y que encima le guste.
La niña que quiere ropa. Catorce años. Allá que vamos para el centro comercial. Que no encuentro nada que me parezca de su estilo (es que me agobia tanto lo de las compras que es que ya voy sin ganas y con un "no" por montera). Y cuando encuentro unas sudaderas que me gustan me doy cuenta de que no sé que talla usa. Porque no es ni una niña menuda ni una niña enorme, pero de talla M tampoco me parece. Así que le digo a Mihombre "llama a tu hermana y pregúntale que talla usa la niña". La respuesta a la llamada fue "depende de la tienda y la prenda, M o L ". Tócate los melindres. Me quedé igual. Así que pasé de comprarle ropa.
Y luego la hermana, que siempre pide algo que está agotado. Este año no podía ser de otra forma. Recorriendo sitios para encontrar algo que no tienen en ningún lado. Como el año que pidió una maquina para hacer perritos calientes. Acabamos pidiéndola por internet a una tienda y luego tuvimos que ir a esa tienda que quedaba a 50 km a buscarla.
El hermano ya ni sé lo que quiere.
Yo lo pongo fácil y pido el premio Planeta de cada año.

viernes, 1 de enero de 2016

El año pasado

El año pasado ha sido un buen año. Ha sido el año de la aceptación. El año de hacerme tatuajes. El de volver al trabajo. El de dar charlas explicando cómo es la experiencia de ser la mamá de Lucas.
El año en el que he conocido gente increíble, maravillosa y que quiero que se quede en mi vida.
El año en el que me he atrevido a volver a subir en un avión. El año en el que he conocido Londres.
El año pasado me ha traído una nueva gata a casa.
Me he cortado el pelo, mucho, muy corto.
El año en el que me reído de situaciones que antes me hubiesen hecho llorar.
El año que he dejado atrás a gente con la que no merecía la pena continuar el viaje.
El año que más me he conocido. El año en el que me he enamorado de mi hijo. El año en que mi hijo se ríe cuando me ve.
El año en el que he planeado proyectos (espero llevarlos a cabo este año).
El año que he explicado que la discapacidad no define a la persona.
Un año en el que he amado, sentido, me he enfadado, a veces me he entristecido, he reído más que llorado, disfrutado, viajado, cocinado nuevas cosas, trabajado, jugado, besado, abrazado, dormido menos de lo que me gustaría, colechado, tenido nuevas y viejas ilusiones, he visto a amigas, bebido cerveza, leído, comprado más libros de los que tengo tiempo para leer...
Ha sido un buen año.